domingo, 27 de septiembre de 2009

¿ES LA LIBERTAD UNA QUIMERA?

"Los hombres se equivocan si piensan que son libres. Su opinión está hecha de la consciencia de sus propias acciones y de la ignorancia de las causas que las determinan. Su idea de libertad, por tanto, es simplemente su ignorancia de cualquier causa de sus acciones". El gran filósofo Baruch Spinoza (1632-1677) no podía imaginar que sus sabias palabras serían confirmadas siglos después por la moderna neurociencia, que está comenzando a cuestionar la existencia de un "libre albedrío". Sobre esta sugerente cuestión, que tiene profundas implicaciones filosóficas, científicas y religiosas, versa el libro El fantasma de la libertad (Crítica, 2009), escrito por el reputado neurólogo Francisco J. Rubia. En su opinión, "probablemente el libre albedrío es una ilusión, una más de todas las ilusiones que el cerebro genera, y en la que siempre estamos dispuestos a creer". El doctor Rubia es catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense, miembro numerario de la Real Academia Nacional de Medicina y Vicepresidente de la Academia Europea de Ciencias y Artes. Su especialidad es la Fisiología del Sistema Nervioso. Y es autor de, entre otros libros, La conexión divina (Crítica, 2002), ¿Qué sabes de tu cerebro? (Temas de Hoy, 2006) y El cerebro nos engaña (Temas de Hoy, 2007).

En el libro que nos ocupa, El fantasma de la libertad, su autor intenta responder, desde un enfoque puramente científico, a preguntas cruciales: ¿Somos verdaderamente libres o esa libertad, ese libre albedrío del que presumimos no es más que una vana ilusión? Si nuestro universo está gobernado por leyes deterministas, ¿acaso nuestro cerebro no está también sometido a esas mismas leyes deterministas? ¿Es, pues, compatible la libertad con el determinismo?... Los neurocientíficos no aceptan el punto de vista dualista -que sugiere la existencia de un alma inmaterial que controla nuestro cerebro-, puesto que no se ha encontrado una estructura cerebral que pudiera ser la sede de dicho ente inmaterial y, en cambio, sí sabemos que los procesos mentales son propiedades emergentes de las actividades neuronales. "La interacción de un ente inmaterial con otro material plantea serios problemas, ya que por su propia naturaleza el ente inmaterial no posee energía, pero ésta se necesita para poder actuar sobre la materia cerebral. En otras palabras: esta supuesta interacción violaría las leyes de la termodinámica, así como la unidad causal del mundo material", explica el doctor Rubia, para quien todas las funciones antes llamadas "anímicas" -hoy mentales o intelectivas-, son producto de la actividad cerebral. Por un momento, pensemos lo que supone reconocer que no existe la voluntad libre, esa libertad que según los creyentes nos ha regalado Dios para elegir entre el bien y el mal. ¿Qué podríamos entonces decir de conceptos como culpabilidad, responsabilidad o imputabilidad? ¿Hasta qué punto seríamos responsables de nuestros actos?... Aceptar que realmente no somos libres tendría tremendos efectos para todos nosotros, ya que nos obligaría a revisar los propios pilares de nuestra civilización judeocristiana. "Tendría consecuencias también a nivel penal, ya que las penas están ligadas a la imputabilidad y culpabilidad. Y, además, la falta de libertad conllevaría la ausencia de responsabilidad y culpa, de manera que se cuestionaría la existencia misma del pecado", subraya el doctor Rubia. Por lo pronto, neurocientíficos y penalistas ya están reuniéndose para discutir las repercusiones que tendrían estas investigaciones. Prueba de ello es el encuentro de especialistas que tuvo lugar en Hannover (Alemania) en febrero de 2008, bajo el título: "La culpa y el yo. ¿Revoluciona la investigación cerebral el derecho penal?".

EL NEURÓLOGO FRANCISCO J. RUBIA

La idea de que el libre albedrío es un mito, ya fueron planteadas por filósofos de la Ilustración de la talla de Julien Offray de La Mettrie (1709-1751) y Paul Henri Thiry, barón de Holbach (1723-1789), de quien hablaré en este blog próximamente, por sus sólidas ideas ateístas. Ambos cuestionaron el dualismo metafísico cartesiano (la separación cuerpo/alma), identificaron las funciones psíquicas con los estados cerebrales y concluyeron que el hombre, que no posee ninguna sustancia divina, está sometido a las leyes causales de la Naturaleza. La misma opinión que hoy sostienen los neurocientíficos, bajo el prisma de la avanzada investigación cerebral. "Si el determinismo es cierto, cada cosa que hacemos está causada en última instancia por sucesos y circunstancias fuera de nuestro control. Si cada cosa que hacemos está causada en última instancia por sucesos y circunstancias fuera de nuestro control, no somos las fuentes últimas (origen, causas primeras) de nuestras elecciones. En consecuencia, nosotros no somos las últimas fuentes de nuestras elecciones y, por tanto, no tenemos voluntad libre (del tipo requerido para la responsabilidad moral)", sostiene el doctor Rubia.

Todos creemos tomar decisiones que nos parecen libres. Nos sentimos con plena libertad. Pensamos que elegimos o rechazamos algo por nuestra propia voluntad, pero ¿y si es una falsa impresión subjetiva?... Este ha sido uno de los asuntos claves de la filosofía y la psicología, pues si no existe el libre albedrío nuestras consolidadas ideas sobre la libertad, la responsabilidad, la culpabilidad, etc., se pondrían inmediatamente en entredicho. Así nos lo explica el doctor Rubia:

"El primer problema que se plantea radica en que el universo se rige por leyes deterministas, según las cuales el estado del mundo en cualquier momento está fijado en todos sus detalles por estados previos y por las leyes de la naturaleza. Si ese determinismo es cierto, nuestras acciones son simplemente una confluencia de sucesos causales que se iniciaron mucho antes de nuestra propia existencia y son esas condiciones anteriores las que determinan nuestras acciones y no nosotros mismos. La presunta autonomía de mis acciones sería una pura ilusión, ya que el cerebro, como materia que es, tiene que estar sometido a las mismas leyes de la naturaleza que rigen el resto de la materia del universo".

LA NEUROCIENCIA NIEGA EL LIBRE ALBEDRÍO

Pensemos, por otro lado, en nuestros deseos, sobre los que apenas tenemos control alguno. Si provienen del inconsciente, siendo por tanto ajenos a nuestra voluntad consciente, ¿hasta qué punto somos responsables de los actos que cometemos a raíz de esos deseos incontrolables?... "Las acciones derivadas de motivaciones inconscientes no hacen que esa persona posea libertad", afirma el neurólogo. Por su parte, Benjamin Libet, de la Universidad de California, realizó ciertos experimentos con varios sujetos para saber en qué momento previo al movimiento de sus dedos, los sujetos tenían la impresión subjetiva de que iban a moverlos, con la convicción de que era la causa de la actividad cerebral y del movimiento. Esa impresión tuvo lugar unos trescientos cincuenta milisegundos después de que se produjera el potencial preparatorio motor y doscientos milisegundos antes de que se moviesen los dedos. Conclusión: la actividad cerebral no era la consecuencia de la sensación subjetiva de voluntad de acción, sino que precedía a esa voluntad. El libre albedrío quedaba, por tanto, descartado, pues la intención consciente no era la causa de la acción. "La iniciación del acto voluntario libre parece comenzar en el cerebro de manera inconsciente, ¡mucho antes de que la persona sepa conscientemente que quiere actuar!", aclara Libet. Se han realizado otros experimentos que dan la razón a Libet y a los partidarios del determinismo, a la hora de demostrarse que la impresión subjetiva de voluntad es consecuencia de la actividad inconsciente del cerebro, y no su causa. Ya decía Freud que "el hombre no es dueño ni señor en su propia casa". Gerd Gigerenzer compartía la misma opinión al afirmar que "buena parte de nuestra vida mental es inconsciente, se basa en procesos ajenos a la lógica: reacciones o intuiciones instintivas". Idea que el doctor Rubia resume así:

"La inmensa mayoría de las funciones cerebrales son insconcientes. Desde luego, los mecanismos de supervivencia parece que se han confiado al sistema límbico, cuyas funciones son inconscientes. Quedaría por explicar, cuestión de la que hasta ahora sólo existen hipótesis, cuál sería el papel de la consciencia, pero lo fundamental para el tema que nos preocupa es que probablemente los procesos inconscientes son decisivos en la toma de decisiones".

Es bastante significativa la cifra que barajan los especialistas: sólo un 0,1% de toda la actividad del cerebro se hace consciente. Siendo así, ¿dónde queda el libre albedrío? ¿Hasta qué punto somos responsables de nuestros actos?... Lo que el doctor Rubia deduce de todo ello puede resultar inquietante desde un punto de vista ético, puesto que tanto el derecho penal y el derecho civil se podrían ver seriamente afectados:

"Si no existe libertad, no se concibe la culpabilidad ni la imputabilidad, de manera que no se debe castigar a aquellos miembros de nuestra sociedad que transgreden las leyes que nosotros mismos hemos creado para permitir una convivencia pacífica. Cabe suponer que ningún nuevo conocimiento podrá cambiar este hecho, pero sí cambiará la imagen que nos hemos formado del criminal o transgresor de esas leyes, pues no será culpable pero, en beneficio de la sociedad, deberá ser aislado".

No es de extrañar que ya se hable de una "revolución neurocientífica" que cambiará la imagen que hasta ahora teníamos del mundo y del ser humano. Entre esas investigaciones científicas, que están deconstruyendo los viejos modelos dualistas, están aquellas que estudian las estructuras cerebrales implicadas en la fe religiosa y en las experiencias místicas. El doctor Rubia ha analizado el tema en profundidad en su excelente libro La conexión divina, donde responde a preguntas como: ¿Es la fe religiosa una mecanismo neurobiológico para amortiguar la angustia que nos produce la muerte? ¿Por qué hay personas más predispuestas que otras a las creencias religiosas? ¿Se pueden provocar experiencias místicas mediante la estimulación eléctrica de ciertas áreas del cerebro? ¿Es Dios un producto de nuestra mente?... Pues bien, el doctor Rubia tuvo la gentileza de concederme una entrevista hace varias semanas para charlar a fondo de este fascinante asunto, que ya tiene un nombre: Neuroteología. El reportaje acaba de salir publicado en el nº de octubre de la revista MÁS ALLÁ DE LA CIENCIA, ya disponible en los kioscos. Si pueden no se lo pierdan. Posiblemente, tras su lectura, se replanteen muchas ideas que tenían hasta ahora sobre ese impulso tan poderoso que es el sentimiento religioso...

8 comentarios:

José Antonio Delgado dijo...

Hola Moisés:

Como siempre, traes a la palestra temas muy interesantes. En este caso, después de leer tu entrada, en la que expones algunas de las ideas que presenta el Dr. Rubia en sus libros, me doy cuenta de que incurre en un cientificismo o cientifismo. Como, por otro lado, tiende a suceder con más frecuencia de la que sería deseable, en el ámbito académico. Leeré con atención la entrevista que le hiciste para la revista MÁS ALLÁ DE LA CIENCIA y, después, ampliaré lo que introduzco aquí.

Como norma general, opino que hay que tener presente que no es lo mismo la realidad del cerebro humano, que la de la psique humana; por más que existan ciertas relaciones. Evidentemente, a nadie se le ocurriría pensar, cuando está viendo la televisión, que las imágenes que se reproducen en la pantalla se encuentran dentro de la "caja" del televisor. Nadie diseccionaría un televisor, o una pantalla plana, y, tras encontrar algunas correspondencias entre lo que se dá en este equipo y las imágenes que se reproducen en su pantalla, llegar a la conclusión de que las imágenes de la pantalla son un sub-producto del mecanismo del televisor. Esto sería un absurdo.

Pues bien, a mí me parece que los argumentos reduccionistas, y, por lo tanto, los cienfistas, adolecen de una cierta arrogancia metafísica o, como la denomina Bergson, de una "metafísica inconsciente".

Y me gustaría traer a colación aquí un texto escrito por el premio nobel en neurocirugía, John Carew Eccles, en el que expresa con claridad la diferencia entre un científico y un cientificista:

"Una insidia perniciosa surge de la pretensión de algunos científicos, incluso eminentes, de que la ciencia proporcionará pronto una explicación completa de todos los fenómenos del mundo natural y de todas nuestras experiencias subjetivas: no sólo de las percepciones y experiencias acerca de la belleza, sino también de nuestros pensamientos, imaginaciones, sueños, emociones y creencias [...]. Es importante reconocer que, aunque un científico pueda formular esta pretensión, no actúa entonces como científico, sino como un profeta enmascarado de científico. Eso es cientifismo, no ciencia, pero impresiona fuertemente al profano, convencido de que la ciencia suministra la verdad. Por el contrario, el científico no debe pretender que posee un conocimiento cierto de toda la verdad. Lo más que podemos hacer los científicos es aproximarnos más de cerca a un entendimiento verdadero de los fenómenos naturales mediante la eliminación de errores en nuestras hipótesis. Es de la mayor importancia para los científicos que aparezcan ante el público como lo que realmente son: humildes buscadores de la verdad". Fuente: (La psique humana, 1986).


La Ciencia no podrá nunca proporcionar una explicación completa de todos los fenómenos y experiencias subjetivas, como dice John Eccles, y quien así lo crea se convierte en un "iluminati" con un cierto grado de omnisciente megalomanía, por mucho que se vista de científico. En mi blog explico con detalle lo que le sucede a aquella persona que se creen en posesión de la Verdad, o sea, al endiosado, en el ensayo titulado Sabiduría vs Endiosamiento. El enlace, para quien le interese, es el siguiente: http://psicologiaespiritualidad.blogspot.com/2009/09/sabiduria-vs-endiosamiento.html

Un fuerte abrazo,

José Antonio

Moisés Garrido dijo...

Creo que tildar de cientificista al doctor Rubia, por el hecho de que su enunciado teórico desde el campo de las neurociencias no comulgue con el dualismo cartesiano, no me parece nada correcto. Como tampoco me lo parece citar al ya fallecido John Eccles, cuyas creencias religiosas -recordemos que era un ferviente católico- pesaban más que sus ideas científicas (aunque fue un eminente científico, sin duda). Si las neurociencias están llegando a la conclusión de que la mente no es un ente espiritual, no es algo separado del cerebro, sino que no es más que la expresión del funcionamiento de las estructuras cerebrales, posiblemente eso haga tambalear nuestros prejuicios religiosos, nuestras ideas filosóficas o nuestra visión trascendente del mundo, y obviamente tal cosa no resulte del agrado de quienes creen que existe una realidad espiritual al margen de la realidad física, lo cual sigue siendo una creencia, no una evidencia. Creo que no es necesario recurrir a entidades inmateriales ni al dualismo ontológico para explicar cómo funciona la mente. Por eso no puedo estar más de acuerdo con Puente Ojea cuando dice que "el alma no existe, a no ser que se quiera designar indebidamente con este nombre las funciones mentales del cerebro, que son pura neurofisiología de naturaleza estrictamente empírica". Es más, si ya se está constatando que el sentido de la trascendencia, el sentimiento religioso, es también fruto de la actividad de determinadas regiones del cerebro, esa espiritualidad forma parte también de las funciones mentales que tienen su base en el funcionamiento cerebral. Yo, que como sabes me he movido durante años en la investigación de los fenómenos psíquicos, defendí en su momento la concepción dualista de la mente y del cerebro, pero poco a poco me he ido convenciendo de la inconsistencia de dicho planteamiento. Hoy, las investigaciones neurocientíficas, nos guste o no, apuntan a que el cerebro y la mente no son dos cosas distintas. Hay un dato irrefutable y nos lo explica el propio doctor Rubia: "Que las actividades cerebrales son la base de las funciones mentales o psíquicas lo muestran las enfermedades del sistema nervioso que pueden tener consecuencias en la propia mente del enfermo, o también la influencia que la farmacología, los llamado psicofármacos, tiene sobre las funciones mentales, aunque esos fármacos interaccionan con estructuras cerebrales".

(Sigue en el siguiente comentario)

Moisés Garrido dijo...

La ciencia va avanzando constantemente en su conocimiento de la naturaleza. Hay viejas ideas que van quedando por el camino, por su inutilidad o porque no se fundamentan en evidencia alguna. Quienes siguen defendiéndolas dirán que su rechazo es consecuencia del cientificismo. Imagino que algo así ocurrió cuando la teoría heliocéntrica propuesta por Copérnico arrasó con la vieja teoría geocéntrica de Ptolomeo. ¿Aquello fue cientificismo o pura ciencia experimental? ¿Es, por tanto, el moderno enunciado neurocientífico cientificismo o pura ciencia experimental?... Creo que siempre ha existido un temor a que la ciencia, con su avance lento pero seguro, destruya la imagen que cada uno nos hacemos del mundo. Dudar de la fiabilidad del conocimiento científico no me parece una postura objetiva, sino todo lo contrario. Con eso no estoy afirmando, ni mucho menos, que la ciencia acabe por descubrir todo y que alcance una certeza absoluta sobre la naturaleza. En eso estoy de acuerdo contigo. Pero sí observo que cada vez se acerca más a su comprensión, que ya es bastante. Bueno, esto ya da para discutir horas y horas, y meternos a fondo en los problemas epistemológicos, que tanto gustan a nuestro común amigo Raúl Ortega, junguiano de pro. Por mi parte, te invito a que profundices en las obras del doctor Rubia, sin prejuzgarle de la forma en que lo haces, criticando que sus argumentos son reduccionistas, por el simple hecho de que contradicen tus ideas dualistas. Sus amplísimos conocimientos están fundamentados en muchos años de investigación neurocientífica. Y eso no es ningun endiosamiento ni arrogancia por su parte. Esas descalificaciones habría que aplicárselas mejor a muchos personajes que se mueven en los mundillos del esoterismo, de la astrología, de las creencias new-age, de la psicología transpersonal, de la parapsicología, de la ufología, etc., que pontifican sin conocimiento de causa, sosteniendo enunciados irracionales, falaces y sin significado con una autoridad que sorprende sobremanera. Por ese y otros muchos motivos -mi creciente escepticismo, por ejemplo, que lo contemplo como una necesidad intelectual-, me he ido alejando de esas resbaladizas disciplinas que, a diferencia de la ciencia, no suelen fundamentar sus conocimientos en hechos, en la verificabilidad, en la falsabilidad y en principios firmemente establecidos con el fin de alcanzar un alto grado de consensualismo. ¿No es precisamente eso endiosamiento y arrogancia? Al menos para mí sí lo es…

Un fuerte abrazo,

Moisés

José Antonio Delgado dijo...

Querido frater Moisés:

Gracias por tu amplia respuesta. Qué bueno es eso de debatir sobre temas que tanto nos interesan. Como digo en mi anterior mensaje, hasta que no lea la entrevista del Dr. Rubia, no podré hacerme una idea "clara y precisa". No trato de pre-juzgar nada, y a nadie. Pero como sabrás, desde hace no mucho tiempo, tengo el privilegio de poder comentar los resultados de las investigaciones en las neurociencias con una cercana y estimada Psiquiatra, quien tiene un conocimiento de las investigaciones del Dr. Rubio y me ahorra muchas horas de esfuerzo recabando información. Mis comentarios van dirigidos sólo y exclusivamente a lo que he leído en tu blog y a lo que se trasluce de lo que comentas. Nada más.

Por cierto que existen personajes endiosados en ambos bandos. El endiosamiento no es privativo del religioso, ni del científico. Sobre el fenómeno del endiosamiento hablo en mi blog, como has podido comprobar.

Hombre, Moisés, hay que tener mucho cuidado con no creer que la parte puede explicar el todo. Que dispongamos de una función del pensamiento, no significa que todo podamos explicarlo a través de la razón. Existen, por cierto, elementos irracionales en nuestra psique. Identificarse con una sóla función de la consciencia es reducir demasiado el abanico. Pero, claro, "ca" uno es muy libre (o no tanto) de pensar lo que que le parezca.

Desde luego, si llevamos al límite lo que dice el Dr. Rubia, al menos lo que tú citas, y lo que se desprende de tu blog sobre sus investigaciones, nos movemos entonces en un materialismo radical. El grave problema de nuestra época. Lo que antaño sucedía con la Religión hoy se está reproduciendo en el ámbito de la Ciencia. Son, al menos para mí, las dos caras de una misma moneda.

Moisés, traer a colación el cambio del modelo geocéntrico al heliocéntrico es muy interesante, porque es, precisamente eso, lo que podría utilizarse para comprender a lo que parece que se tiende. Mientras nos movamos en un modelo ego-céntrico, creeremos que todo cuanto identifiquemos con nuestro ego, es la verdad y la realidad. Pero cuando se produce un salto de nivel cuántico, y pasamos a un modelo centrado en el Sí-Mismo, como Sol interior, entonces nos damos cuenta de que no todo se puede explicar desde el ego. Este se trasciende.
Sobre esto se podría debatir muchas horas, Moisés, desde luego. Pero, como siempre, lo importante es la experiencia vital.

Se pueden utilizar, tanto desde un bando, como desde el otro, argumentos semejantes para tratar de echar por tierra al "oponente" o al "adversario". Pero, al fin y a la postre, el "adversario" está dentro de uno mismo. Y quien lucha contra todo lo Religioso y lo Espiritual, en el fondo, está luchando contra una parte de sí mismo proyectada en lo exterior. De igual modo, quien lucha contra los avances científicos hace exactamente lo mismo. Yo, por mi parte, trato de llegar a un consenso entre ambas facciones, entre ambos planteamientos y, a la postre, entre ambas partes de mí mismo.

Gracias frater Moisés por tus aclaraciones.

Un fuerte abrazo

José

Moisés Garrido dijo...

Gracias por tu interesante respuesta, amigo José Antonio.

Yo creo que ese error de confundir la mens y el anima, que se forja cuando el hombre prehistórico intenta racionalizar el mundo y atenuar el temor a la muerte, y cuyo resultado fue la invención animista -magistralmente explicada por Edward Tylor en su excepcional obra Cultura Primitiva (1871)-, debería estar ya más que superado. Es lo que pienso. Y para ello, considero crucial estudiarse el problema desde un planteamiento neurobiológico. La ilusión animista fue un proceso psicológico subjetivo -base de la religiosidad- que nos lleva a creer que estamos provistos de un ente inmaterial, el alma. Un autoengaño en toda regla. Precisamente, el doctor Rubia nos dice algo muy importante: “Al cerebro poco le importa cómo sea la realidad exterior, lo que le interesa es más bien cómo el cerebro puede utilizarla para la supervivencia del organismo”. Es decir, que nuestro cerebro rellena huecos informativos con fabulaciones e irrealidades con tal de salvar una historia plausible. La idea del alma, ¿no podría ser uno de esos engaños que hace nuestro cerebro para garantizar la supervivencia de su portador? Ahí dejo esa cuestión… Quien desee ahondar en ese tema, le recomiendo la obra "El cerebro y el mito del yo" (2002), del neurobiólogo Rodolfo Llinás, para quien obviamente el cerebro y la mente son eventos inseparables, y la “mente” o el “estado mental” constituye tan sólo uno de los grandes estados funcionales generados por el cerebro.

Como bien dices, el endiosamiento no es privativo del religioso ni del científico. Por supuesto que en el campo científico hay egos, ambiciones, falacias, etc. Sabes que en la web de Raúl hay un artículo mío titulado “Fraudes científicos”. Pero la ciencia maneja herramientas que no se emplean en otros campos: la refutabilidad o falsabilidad a través de la observación empírica y la experimentación, por ejemplo. Hay jueces en la ciencia que miran con lupa los experimentos y afirmaciones de los científicos, para confirmarlos o invalidarlos.

(Sigue en el siguiente comentario)

Moisés Garrido dijo...

El método científico garantiza el rigor, a la hora de revisar las pruebas y los enunciados teóricos. Y aunque muchas veces se base en probabilidades y no en certezas absolutas, sigue representando el método más fiable para obtener información. Los enunciados religiosos, esotéricos, etc. son, por el contrario, infalsables. Cualquiera puede decir lo que desee, desde que la constelación tal produce no sé qué efecto en la gente del signo astrológico cuál, o que la hostia, durante la misa, se transforma en el cuerpo vivo de Cristo. Esas afirmaciones son infalsables. Lo sobrenatural ¿puede demostrarse? No. Es una cuestión de creencias. Precisamente el conocimiento científico nos hace más humildes y destroza los endiosamientos religiosos y afines de cuajo. Para empezar, no nos promete paradisíacos mundos post-mortem ni nos dice que existe un Dios que vela por nosotros. El orgullo que tenía el ser humano al creerse el centro del universo fue herido con la teoría copernicana. También el orgullo humano sufrió otro varapalo con la teoría darwinista. Por otro lado, lo que plantea el doctor Rubia sobre la inexistencia del libre albedrío supone otro golpe mortal al orgullo humano. Claro, es mucho más consolador lo otro, pero son ficciones. Allá cada cuál con sus creencias y su forma irracional de contemplar el mundo… El horizonte del conocimiento es inmenso. Hay muchos misterios por resolver. Tenemos muchas más preguntas que respuestas, sin duda. Hay que evitar el cientificismo, pero creo que hay que confiar en la ciencia, como medio adecuado para adquirir conocimiento veraz sobre el universo y el hombre, aunque los resultados contradigan nuestros deseos y nuestras creencias. Buscar la verdad tiene esos riesgos. Por mi parte, siempre consideraré mucho más fiable -y fascinante- lo que me digan sobre el universo los cosmólogos que los teólogos. Cualquier obra de Hawkins supera con creces las infantilidades del Génesis bíblico.

Por eso pienso que es imposible llegar a ese consenso entre ciencia y religión que tú proclamas.

Un abrazo,

Moisés

José Antonio Delgado dijo...

Hola Moisés:

Muchas gracias por tu mensaje y por este interesante debate.

En un ensayo que escribí hace algunos meses vertí el resultado de mis investigaciones en torno a lo que estamos tratando aquí. El ensayo se titula EL PARADIGMA SISTÉMICO. Puede consultarse este trabajo tanto en la web de Raúl, www.odiseajung.com, cuanto en el siguiente enlace:

http://www.soriaymas.com/documento/91_ciencia%20y%20espiritualidad,%20j.a.%20delgado.pdf


Sólo me gustaría añadir, a lo que en ese ensayo afirmo, que, como tú, pienso que el método científico es el más adecuado para obtener información, tanto del objeto, cuanto del sujeto. Pero el método científico tiene sus límites y sus limitaciones. Importante es conocer esos límites y esas limitaciones. Raúl, en su excelente y prolijo artículo "EL ALMA Y EL MUNDO. Mitos de la Ciencia", aborda este importante asunto con gran lujo de detalles. Para quien desee consultarlo su enlace es el siguiente:

http://www.odiseajung.com/jung-psicologia-ensayos/mitos-de-la-ciencia-2.php

Y Raúl dice con mucha claridad qué puede esperarse del método científico, cuando afirma:

"el método científico está debidamente cumplido cuando enunciamos propiedades de las cosas sin incurrir ni en falsedad, ni en contradicción. Este es el principio de falsabilidad. Importante: no prefiere ni a Aristóteles ni a Platón."

Moisés, hablar de ciencia y religión, es, desde luego, hablar de Objeto y Sujeto, o de lo objetivo y de lo subjetivo. Y, como dice Raúl, la ciencia no prefiere ni lo uno, ni lo otro.

Gracias, nuevamente, por este fructífero intercambio de ideas.

Te mando un fuerte abrazo

José Antonio

Moisés Garrido dijo...

Reconocer las limitaciones del método científico, sin duda. Eso lo saben los propios científicos que son bastante autocríticos y saben que la ciencia no está exenta de errores. Pero cuestionar el notable progreso que la ciencia ha conseguido en su comprensión de la realidad, del universo, del ser humano, a base de un sólido análisis empírico, de un esfuerzo consensuado y de un encomiable trabajo experimental, permanentemente vigilado y contrastado, no me parece de recibo. Esa injustificada crítica hacia la ciencia que hacen los pensadores postmodernos defensores del relativismo epistemológico, dando la misma validez a cualquier clase de conocimiento, provenga de quien provenga, merece toda mi desaprobación. El elaborado trabajo de nuestro colega Raúl, se pierde en ocasiones en las brumas de la confusión a la hora de intentar tambalear -mediante hábiles juegos lingüisticos- los sólidos cimientos del método científico. Sobre todo si su pretensión es rescatar del olvido los enunciados esotéricos, astrológicos, místicos, etc., como si fuesen una fuente fiable de conocimientos (la ciencia emplea como método útil de comprobación la "falsación", lo otro no). El tema lo desarrollaré ampliamente en la próxima entrada que estoy preparando, donde hablaré de mi "conversión" al escepticismo y de la importancia que hoy tiene para mí el razonamiento lógico, el saber científico y racional, frente a la subjetividad del pensamiento mágico, en el que navegué durante años, y que sólo nos proporciona respuestas a nuestras incertidumbres emocionales.

Gracias por debatir el tema.

Un fuerte abrazo,

Moisés